
Este próximo mes de Julio estaré actuando en el Festival de Teatro de Aviñón. La oportunidad se me hace maravillosa por varias razones. 1. Nunca he estado en un festival de teatro tan grande e importante como éste, e ir allí, con mi propia producción, me supone una causa de pequeño orgullo. 2. Uno de los tres monólogos que llevaré al festival es de cosecha propia, escrito por mí. He escrito cosas antes (cada vez me atrevo más), pero presentarme allí con mi propio dialógo interno supone otra causa de pequeño orgullo. 3. Voy a actuar en francés!!! Hablo francés bastante bien, lo cual quiere decir que lo entiendo casi todo y que hablo a velocidades bastante pausadas. De esto, a actuar en francés hay un tramo bastante grande. Pero desde que me he dado cuenta que él que no arriesga, no aprende (aunque se caiga, aprende) he decidido que actuar en francés es un salto más en mi caminar por el mundo de la interpretación. Asi que del 17 al 31 de Julio estaré en la Sala THE GARAGE INTERNATIONAL, al lado del famoso puente de Aviñón, tra la ri, tra la ra, haciendo tres monólogos: dos en inglés y uno en francés. Dos de los monólogos son de mi amigo Emilio Williams.
Desde que me he puesto a memorizar y a ensayar en casa, ando medio encerrada. No es que esté encerrada en casa todo el día (que en parte si), pero me doy cuenta que mi mente se mete en una tunel bastante poco social y quizás algo obsesivo. Esto quiere decir que últimamente apenas quedo con nadie, apenas hago planes sociales, y basicamente me paso casi todo el día dándole vueltas a los monólogos, los personajes y también a toda la parte de producción que llevo yo, claro. Desde el cartel de la obra, a la música y el vestuario. Aviñón tout le jour!
Y en este estado obsesivo-creativo-antisocial, sobretodo le doy vueltas al monólogo que me traigo yo entre manos. Es curioso lo que hace el miedo al fracaso. He empezado a escribirlo ya varias veces, pero siempre encuentro alguna razón para levantarme y ponerme a hacer cualquier otra cosa. Léi una vez una cita de Gene Fowler que decía: "Escribir es fácil: lo único que tienes que hacer es sentarte ante una página en blanco hasta que se formen gotas de sangre en tu frente". Pues eso. Que éste monólogo, por razones que creo entender, me está haciendo cortejar mucho a las musas.
Tanto es así que anoche soñé con el personaje, y algo del monólogo se me reveló en sueños. La protagonista de mi sueño no era yo, aunque yo estaba presente; el protagonista era Almodóvar, pero un Almodóvar ligero y divertido, que no se daba ninguna importancia. Y yo era su alterego; yo era su Sancho Panza. Recuerdo estar de fiesta con él y con Rossy de Palma. Eran los ochenta y todo a mi alrededor en el sueño me sugeria rebeldía, purpurina y espontaneidad. Yo era yo, pero con unos 15 años menos, una adolescente en plena pubertad, pero sosa, sosa, sosa. Yo apenas hablaba, y Rossy no hacia más que decir que qué niña "tan mona y tan calladita". No recuerdo el comienzo del sueño, pero hasta donde puedo vislumbrar, yo estaba bailando con Pedro y Rossy en una discoteca. Madrid. Años 80. Al cabo de un rato, Pedro y yo nos íbamos de paseo por Madrid, pleno día, en su vespa roja. Éramos los más cool de la calle; bueno, él, porque yo, repito, era sosa, sosa, sosa. Pedro se daba la vuelta en su vespa y me miraba fijamente. Había decidido que yo iba a ser su próxima Anna Magnani (meets) - Sophia Loren. Fruncía el ceño según me miraba y me decía:
-Nena, tenemos que cambiarte ese pelo!
Yo, que iba vestida con polo blanco y falda de cuadros (el uniforme del colegio Británico me persigue hoy en día hasta en sueños!), empezaba a imaginarme un corte de pelo punky, corto, muy corto, asimétrico, y rubio platino chillón, como aquellos Olé Olé, que miraba en la portada de aquel cassette que andaba perdido por mi casa.
Yo le decía a Pedro, muy preocupada, que no conocía ningún buen peluquero, no sé si porque era verdad, o si porque sabía que ninguno de "mis" peluqueros iban a ser tan cools como el suyo. ¡Ay, los prejuicios de la modernidad! Y entonces Pedro me llevaba a ver a su amigo Jeanne, en homenaje a Jeanne Moureau, que en realidad se llamaba Juan y era de Ciudad Real como él. Juan se había cambiado de sexo, lo dicho, ahora era Jeanne, y lucía ese corte asimétrico y rubio platino que yo había soñado para mí.
Yo miraba a Pedro y me acordaba que tenía que decirle que yo era actriz, que si le "podía enviar mi material, por si algún día necesitaba una actriz de mi perfil... " (No entiendo como hasta en sueños conservo esta rectitud Británica y le echo tan poco morro a la vida!) y habiendo cogido el coraje para decírselo de la manera más natural del mundo, sin que a él le sonara a "trabajo" en un momento como el que estábamos pasando juntos, tan especial, tan cool y divertido, abría la boca y ..... Pedro me metía un bombón enorme de chocolate con leche en la boca!! Me lo comía, dulce y empalagoso, tragaba, respiraba, y según le iba a conceder de nuevo mi deseo de trabajar con él algún día ... otro bombón se estrellaba en mis labios. Éste era de chocolate blanco y chocolate con leche. Y de nuevo, otro, de chocolate amargo. Y de chocolate con trufa. Y después un praliné. Y en éste estupor y empacho de bombones, azucar y cacao, me desperté. Yo, ya pasados los treinta, estaba tumbada en la cama, Almodóvar se había ido, los obreros seguían con las obras del tercero derecha, y los 80 y su energía se habían esfumado de mi subconsciente.
Me levanté, desayuné y me puse a escribir en mi diario. Pero hoy mi sueño quiso salir en el papel, y empecé a desarrollarlo, y me di cuenta que Almodóvar, los ochenta y Jeanne iban a formar parte de mi monólogo esquivo. Me pinté las uñas de rojo y me acerqué a dar señales de vida en éste blog.
En attendant Avignon, je suis "chica Almodovar".






y me deleité observando a los surferos, y me reencontré con mi pasado, pero sobretodo quedé muy contenta con mi trabajo y disfruté muchísimo.